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Ansiedad: que no te controle

Todos nos sentimos con ansiedad y estrés en ciertos momentos.  De hecho, la ansiedad es la emoción más común que nos permite mantenernos a salvo y nos incita a actuar enfrentándonos a situaciones de peligro o amenaza real.   Por ejemplo, sería impensable no sentir cierto nivel de tensión o ansiedad al cruzar una avenida transitada que se encuentra con el semáforo malogrado o al prenderse un enorme fuego en el lugar en que nos encontramos donde por razones de supervivencia buscaremos un lugar para escapar y así tener el control de nuestras vidas.

 

Sin embargo, un tipo de ansiedad que no es saludable y a la cual nos referiremos en este artículo está relacionada con la voluntad de las personas de no sólo querer tener el control sobre las cosas, sino más bien, creer que la persona necesita del control sobre aspectos que son inciertos o incontrolables.   Al respecto, es comprensible que todos busquemos cierto grado de previsión detrás de nuestras acciones, por ejemplo, salimos más temprano de casa si queremos llegar a tiempo a un sitio y es una hora de tráfico usual, sin embargo, pretender anular cualquier peligro, situación negativa o desagradable de nuestra vida, sí resulta una estrategia equivocada pues la incertidumbre forma parte de la vida, de la realidad y no es algo que estemos en capacidad de controlar y entonces, mucho menos de alterar.

Cuando hablamos de la aparente “necesidad” de control, muchas personas quieren tomar decisiones tan sólo sabiendo que tendrán un absoluto control sobre los resultados de éstas, teniendo certeza de que por ejemplo no se equivocarán y con esto, muchas veces empiezan a planear sus decisiones al milímetro, dándose cuenta posteriormente de la enorme frustración de no poder controlarlo todo, lo cual, lastimosamente los lleva a evitar tomar una decisión, engañándose con la idea de que decidirán tan cuando tengan la certeza (imposible) de estar tomando una buena decisión.

Pero no toda intención de tener el control de las cosas es negativa.  Cuando un deseo de tener las cosas bajo control es moderado, esto suele conllevarnos a resultados óptimos.  Si por ejemplo organizo un esquema u horario de lo que me gustaría hacer durante la semana, y específicamente lo que quisiera hacer cada día, es más probable que lo haga, que si no me organizo un horario u orden para hacerlo.   Ahora que, si por alguna razón algo escapa a este control y no sale como esperamos, la pregunta es: ¿cómo me siento?   Si evalúo este suceso como algo horrible, posiblemente presente un nivel de ansiedad y estrés que esconda una falsa necesidad de control, de certeza que me lleve incluso a tener problemas físicos como insomnio, dolores de cabeza, problemas estomacales, y en general a un malestar significativo.

Pero, ¿es realmente posible estar “en control” todo el tiempo?

La respuesta es: no.   Somos seres humanos y presentamos variaciones en distintos aspectos. Por ejemplo nuestras actitudes frente a las cosas cambian, del mismo modo no siempre nos sentimos contentos o animados, esto indica que se da una variación en nuestros estados emocionales.  Asimismo nuestro nivel de energía, de cansancio o fatiga es cambiante. Todos los días no nos sentimos igualmente aptos para afrontar las exigencias de cada día.    Si la persona no sabe reconocer, entender y sobre todo aceptar esa variación, puede sentirse demasiado tensa o hasta angustiada pensando que le está ocurriendo algo malo cuando no se siente en un momento óptimo para enfrentar ciertas situaciones o cuando no hace en el día todo lo que originalmente había pensado en hacer.  Pero, ¿quién lo hace?  Las personas que sienten un nivel de ansiedad y estrés significativos piensan que no sólo sería bueno y deseable tener certeza o control de que las cosas van a estar bien, sino que piensan que necesitan de algún modo encontrar una forma de tener un control sobre el futuro o frente a situaciones inciertas.   Cuando la persona piensa que no estará tranquila hasta no tener el control y entonces ocurre que éste no es posible, se ve inmersa en una gran frustración que revela una ansiedad no saludable vinculada a una pobre tolerancia a la incertidumbre de la vida.

Pero, ¿Qué peligro puede traer esta necesidad de control en las personas?

Las personas que quieren controlarlo todo pagan un precio muy alto pues viven constantemente estresadas.  Además, el alto nivel de ansiedad y estrés producido por la “necesidad” de control genera un impacto en la salud de la persona, tanto a nivel físico como emocional.

A nivel físico, sabemos que el estrés y la ansiedad ha sido implicado en la ocurrencia de una serie de enfermedades, además de problemas en el sueño, trastornos en la alimentación, entre otros.  A nivel psicológico, la persona tiene dificultades para relajarse, para controlar su preocupación, como si el andar constantemente preocupado le fuera a dar un mayor control.   Del mismo modo, la persona al presentar pobre tolerancia a la incertidumbre, vive temiendo que suceda lo peor, se enfoca de un modo excesivo en resultados negativos, vive pensando en situaciones posibles como si fuesen altamente probables, se siente vulnerable, inseguro, etc.    Además, a los sentimientos de ansiedad o tensión le acompañan muchas veces altos niveles de frustración, sentimientos de culpabilidad y tristeza pues no se llegan a sentir del todo satisfechos con su vida, soliendo ser muy críticos no sólo consigo mismos, sino con los demás.

 

Finalmente, ¿Cómo podemos manejar la ansiedad o frustración que se presenta cuando algo sale de nuestro control?

  • Reconocer aquello frente a lo cual tenemos un cierto control, un control moderado y diferenciarlo de aquello que no podemos en ningún sentido controlar.
  • Aceptar que no necesitamos tener un control absoluto de todo. Nadie se ha muerto por no tenerlo.
  • Reconocer que aunque nos gustaría tener certezas, no es real que pueda ser así pues las situaciones frustrantes o que escapan a nuestro control son parte de la vida.
  • Entender que lo ambiguo o incierto, no necesariamente es amenazante.
  • Reconocer que la preocupación excesiva nos perjudica llevándonos al cansancio, estrés, insomnio, irritabilidad, etc.  Además, esta preocupación excesiva no aumenta el control.
  • Tomar en cuenta las probabilidades reales de las cosas.
  • Reconocer todos los problemas que surgen de pensar que necesito tener un absoluto control.
  • Practicar un estilo de vida que combine actividades agradables, distractoras y relajantes disfrutando de ellas y como una forma de de manejo de la ansiedad y los síntomas físicos de ésta.
  • Crear un horario no sólo de trabajo, sino de tiempo libre, descanso y la práctica de un ejercicio o deporte.


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