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Endocarditis


Se llama endocarditis a la inflamación de las válvulas del corazón causada por microorganismos infecciosos, principalmente bacterias. Las cuatro válvulas del corazón son la mitral, la tricúspide, la aórtica y la pulmonar; estas válvulas están en la parte más interna del corazón, lo que se conoce como endocardio (de ahí el nombre de endocarditis). Su función es permitir el paso de la sangre en un solo sentido, y gracias a ellas es posible que se pueda bombear la sangre a todo el cuerpo. A pesar de ser una infección localizada, una endocarditis puede afectar a varios órganos indirectamente, ya que envía microbios y émbolos a través de las arterias.

Las endocarditis pueden afectar a cualquier persona, pero son mucho más frecuentes en personas con una enfermedad previa del corazón. La prevalencia de la endocarditis se estima entre 1’5 y 6 personas de cada 100.000 cada año, y no hay variaciones importantes entre países. Los hombres se ven afectados por esta enfermedad con más frecuencia que las mujeres (aproximadamente 3-4 hombres por cada mujer), y no parece haber diferencias con la edad, excepto en los niños, en los que la endocarditis es muy poco frecuente.

Esta enfermedad es una de las causas más frecuentes de Fiebre de Origen Desconocido (FOD). Suele ser diagnosticada por médicos internistas y tratada bajo vigilancia hospitalaria intensiva. En las últimas décadas los avances en las pruebas de imagen en cardiología han permitido un diagnóstico precoz y que su pronóstico sea mucho mejor.

Los síntomas de la endocarditis pueden ser más rápidos y graves (agudos) o más progresivos (subagudos) dependiendo del tipo de bacteria que provoque la endocarditis.

Endocarditis aguda
Los principales síntomas de la endocarditis aguda son:

Fiebre de más de 38ºC de forma continuada porque siempre hay bacterias en la sangre.
Sepsis: durante una infección puede ser que la respuesta del sistema inmune sea tan grande que afecte también a nuestro propio cuerpo. En una sepsis la tensión arterial baja a cifras preocupantes y el riego sanguíneo se paraliza.
Destrucción de las válvulas del corazón: las bacterias pueden comerse las válvulas del corazón literalmente. Es frecuente la aparición de soplos cardíacos que el médico puede escuchar en la auscultación. Este daño en las válvulas puede terminar en un edema agudo de pulmón o favorecer la aparición de arritmias.
Embolismos: la infección en las válvulas del corazón produce pequeños coágulos de plaquetas que se lanzan a la circulación sanguínea con cada latido. Estos coágulos quedan atrapados en las arterias cuando se estrechan demasiado e interrumpen el paso de la sangre. Causan lesiones tan características que tienen nombre propio en medicina:
Manchas de Roth: áreas negras con el centro claro en la retina.
Lesiones astilladas: bajo las uñas con forma de astilla.
Lesiones de Janeway: manchas rojizas en la piel.
Nódulos de Osler: bultos inflamados en las palmas de las manos y las plantas de los pies.
Otros embolismos más graves ocurren cuando se afectan el cerebro o el hígado, porque provocan abscesos e infartos a la vez.
Endocarditis subagudas
Los síntomas más frecuentes de las endocarditis subagudas son:

Cansancio: cuando la infección aparece poco a poco en varias semanas produce síntomas poco concretos, como una gripe leve que consume la energía.
Pérdida de apetito y de peso: el metabolismo de la persona que sufre una endocarditis está acelerado y consume más nutrientes de lo normal. La pérdida de apetito también contribuye a perder peso.
Alteraciones del sistema inmune: cuando una infección lleva tanto tiempo activa, el sistema inmune la intenta frenar utilizando todas sus armas. Los anticuerpos que se producen también se distribuyen por la sangre y cuando llegan al riñón lo dañan, provocando glomerulonefritis. Esta lesión en el riñón se demuestra por el paso de glóbulos rojos a la orina, que suele ser rojiza u oscura como la coca-cola. Además, el sistema inmune puede estimular el crecimiento del bazo (esplenomegalia) y favorecer la aparición de enfermedades autoinmunes.



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